El estudio, promovido por Aigües de Manresa y la Mancomunitat del Bages i del Moianès per l’Aigua, y financiado por la Agència Catalana de l’Aigua, ha identificado en una primera fase los tipos de plástico y microplástico presentes en las aguas residuales y, posteriormente, ha comenzado a probar nuevos tratamientos para su eliminación completa.
Actualmente, la planta elimina el 97 % de los microplásticos presentes en el agua residual de entrada, aunque estos se acumulan en los lodos de depuración.
La depuradora de Manresa – Sant Joan de Vilatorrada ha iniciado un estudio para conocer mejor la presencia de microplásticos en las aguas residuales y explorar nuevas tecnologías que permitan reducir su liberación al medio ambiente.
El proyecto se desarrolla en colaboración con la empresa especializada Captoplastic y persigue un doble objetivo. Por un lado, identificar qué tipos de microplásticos llegan a la depuradora, en qué cantidad y cuál es el comportamiento de estos contaminantes durante el proceso de tratamiento. Por otro, probar nuevas tecnologías de eliminación mediante una planta piloto.
Los resultados de los primeros análisis muestran que las aguas residuales que llegan a la depuradora contienen una concentración de 13,01 miligramos de microplásticos por litro de agua. Tras el proceso habitual de depuración, esta cifra se reduce hasta los 0,35 miligramos por litro, lo que representa una eliminación aproximada del 97 % de los microplásticos presentes en el agua que entra en la instalación.
A pesar de este elevado rendimiento, los microplásticos no desaparecen. La mayor parte queda retenida durante el proceso de tratamiento y se acumula en los lodos de depuración, un aspecto que actualmente centra buena parte del interés científico y ambiental a escala europea.
Las fibras sintéticas, las grandes protagonistas
La práctica totalidad de las partículas detectadas corresponde a fibras textiles, principalmente de poliéster (PES) y PET, los mismos materiales utilizados en gran parte de la ropa deportiva, ropa técnica, forros polares, tapicerías, moquetas y numerosos tejidos sintéticos presentes en los hogares.
También se han identificado fibras de rayón, utilizadas habitualmente en productos textiles y de higiene, así como pequeñas cantidades de polipropileno, un plástico muy común en envases, cuerdas, sacos y otros productos de uso cotidiano.
Los resultados apuntan a que una de las principales fuentes de microplásticos que llegan a las depuradoras podría ser el lavado de la ropa. Cada vez que una prenda sintética entra en la lavadora libera miles de microfibras invisibles que acaban circulando por la red de alcantarillado hasta llegar a las estaciones depuradoras.
Otra posible fuente son las toallitas húmedas y otros productos de higiene personal. Aunque a menudo se perciben como productos similares al papel, muchas toallitas incorporan fibras de poliéster, polipropileno o rayón para aumentar su resistencia. Cuando se eliminan incorrectamente por el inodoro, estas fibras terminan en la red de saneamiento y contribuyen a la presencia de microplásticos en las aguas residuales.
Del río al campo: un nuevo reto ambiental
Los resultados también ponen de manifiesto uno de los grandes retos ambientales asociados a los microplásticos. Las depuradoras actúan como una barrera muy eficaz que evita que una gran parte de estas partículas llegue a los ríos, pero al mismo tiempo las concentra en los lodos generados durante el proceso.
Por este motivo, la comunidad científica estudia actualmente nuevas tecnologías capaces de capturar una parte aún mayor de los microplásticos antes de que se acumulen en los lodos o lleguen al medio natural. Precisamente este será el siguiente paso del proyecto impulsado en la depuradora de Manresa – Sant Joan de Vilatorrada, donde se probarán sistemas avanzados de tratamiento en una planta piloto.
Unos resultados muy similares a los observados en Europa
Los resultados obtenidos en la comarca del Bages coinciden plenamente con los estudios realizados en depuradoras de países como Alemania, Francia, los Países Bajos, Suecia o Hungría. En toda Europa se observa el mismo patrón: las fibras procedentes de la ropa sintética son el tipo de microplástico más habitual en las aguas residuales y las depuradoras consiguen retener entre el 90 % y el 99 % de ellas.
Para entenderlo de forma sencilla, podría decirse que las depuradoras funcionan hoy como un gran filtro que impide que la mayor parte de los microplásticos termine en los ríos. Pero, igual que ocurre cuando vaciamos la aspiradora de casa, la suciedad no desaparece: simplemente queda concentrada en otro lugar. El reto de los próximos años será encontrar formas de eliminar estos contaminantes antes de que lleguen al agua o gestionarlos de forma segura una vez hayan sido capturados.
